Título: Miel de naranjas
Título original: Miel de naranjas
Dirección: Imanol Uribe
Guión: Remedios CrespoPaís: España
Año: 2012
Duración: 100 min.
Género: Drama
Reparto: Blanca Suárez, Ángela Molina, Bárbara Lennie, Eduard Fernández, Karra Elejalde, Nora Navas, Carlos Santos, Filipe Duarte, Antonio Dechent, Fernando Soto, Jesús Carroza, Marco D'Almeida, Marcantonio Del Carlo, Ramón Ibarra, Iban Garate, Adelfa Calvo, José Manuel Poga, Carmen Sánchez
Distribuidora:Alta Films
Productora: Alta Producción
Casting: Eva Leira, Yolanda Serrano
Departamento artístico: Álvaro Cortazar, Rodrigo Busto
Departamento editorial: Miguel P. Gilaberte
Dirección: Imanol Uribe
Efectos especiales: Reyes Abades
Efectos visuales: Helen Marti Donoghue, Thorsten Rienth
Fotografía: Gonzalo F. Berridi
Maquillaje: Sano De Perpessac, Yolanda Piña
Montaje: Buster Franco
Producción ejecutiva: Daniel Bajo, Enrique González Kuhn
Sonido: Alvaro de Iscar, Antonio Rodríguez 'Mármol', David Rodríguez, Juan Guerrero, Manuel Carrión
Vestuario: Angela Ortuño Lena Mossum
Remedios Crespo (Sevilla, 1966) se ha alzado con el VI Premio SGAE de Guión Julio Alejandro para Largometraje por su obra Miel de naranjas. El jurado ha estado compuesto por su presidente, José Luis Borau, presidente de la SGAE; Manuel Gutiérrez Aragón, director del Instituto Buñuel; el director Imanol Uribe; la cineasta Ana Díez, en representación de CIMA; la directora Azucena Rodríguez, en representación de ALMA y Gustavo Ferradas, director del Área de Cine de TVE. La decisión se ha hecho pública después de una reñida ronda de ponencias a cargo de los cinco finalistas. Éstos fueron seleccionados previamente entre los 350 guiones recibidos en esta convocatoria.
Por Remedios Crespo
Cuando Franco enfermó en noviembre de 1975, cada hora se transmitían los partes sobre su salud. Yo tenía nueve años y recuerdo aquellos días con verdadero pánico porque noche tras noche se me repetía un angustioso sueño: Franco moría y yo me quedaba muda. En la escuela siempre había escuchado que los “cuarenta años de paz” habían sido algo insólito, solo posible gracias a un don especial de Franco. Deduje que el estado natural de España era la guerra, y muerto él volverían a estallar las bombas: los nueve hermanos, mi padre y mi madre saltaríamos por los aires, destrozados. El inconsciente colectivo estaba latente en mi pesadilla de niña, ya que me hacía justamente enmudecer. No perdía un ojo o una mano o una pierna, perdía la voz, esa voz que durante la dictadura estuvo secuestrada y que cuando alguien la pronunciaba era sinónimo de duras represalias (condenas eternas, sentencias de muerte, trabajos forzados, exilio, expolio…).
Cuando Franco murió, y sin que nadie me viera, hice una resta muy sencilla en un papel: 1975-1939 = 36. ¿Por qué entonces machaconamente se nos hablaba de “cuarenta años de paz”? A mí me salían 36. Con la inocencia de la infancia conseguía intuir y atravesar la voluminosa mentira de un Estado totalitario y el silencio de una sociedad aparentemente conforme. Nunca he olvidado aquello porque fue mi primera reflexión. Con el tiempo descubrí que la mayor mentira y tragedia de aquella frase estaba en su segunda parte: “de paz”.
A generaciones como la mía se nos ha enseñado “a olvidar”, pero me pregunto ¿qué teníamos que olvidar? ¿Algo que no conocíamos? No se puede olvidar si no se sabe antes que en España, por ejemplo, existieron campos de concentración durante la dictadura hasta la década de los sesenta.
Mi padre, como trabajador en la Administración de Justicia desde 1942, fue testigo de macabros entresijos judiciales. Hace unos años encontré un relato suyo sobre su penoso destino como mecanógrafo en un Juzgado Militar Especial de Sevilla en 1951. Ya llevábamos “doce años de Paz” y la autoridad militar seguía condenando a civiles con penas muy graves, incluida la muerte, muchas veces por delitos falsos o sin pruebas. Durante las farsas judiciales mi padre tenía que hacer sonar la máquina de escribir para aparentar que se estaba redactando la sentencia. En aquel ambiente totalitario y amenazante él se abstraía escribiendo cartas de amor a su novia, mi madre. Este es el punto de arranque de MIEL DE NARANJAS. Con otros datos de ese relato, documentación, investigación y muchos testimonios directos, he construido esta ficción basada en la pesadilla real de la dictadura.
Mi objetivo primordial ha sido escribir una historia con ritmo que respire vitalidad y verdad emocional para que genere empatía en el público. Además, intento provocar una reflexión sobre nuestro sufrimiento colectivo. Dicho esto, mi intención no era hablar de la historia de España, sino de la de mi padre, de la de mi familia y de mis orígenes. Hablar de España ha sido una consecuencia natural. Como dijo Gaudí, “originalidad es volver al origen”. Si no sabemos de dónde venimos, probablemente nunca sepamos quiénes somos.
Ubicación espacio-temporal
La historia se sitúa en la Andalucía de comienzos de los cincuenta. Ya han transcurrido doce años “de paz”, y Franco sigue imponiendo un Estado medieval religioso anterior en sus principios a la Revolución Francesa. Como escenarios principales están el Juzgado Militar, el Psiquiátrico de Miraflores y el Campo de Concentración de Los Merinales.
Carácter y temática
En MIEL DE NARANJAS se entremezclan el drama histórico (la dictadura), el drama social (locura, cárcel, trabajos forzados, división de la sociedad, hambre...) y la épica moderna (el hombre frente al Estado).
A diferencia de la mayoría de películas sobre la dictadura, ésta es una película urbana que indaga en acontecimientos poco conocidos y muy atractivos de la lucha antifranquista. En cuanto a atmósfera y estética, siempre he imaginado un tono mucho más cercano al cine negro que al costumbrista.
MIEL DE NARANJAS también narra acontecimientos históricos que enlazan con temas de vigente actualidad:
La falta de libertad y la miseria son las causas que generan las grandes corrientes migratorias.
La violencia solo engendra más violencia. El arma más eficaz de todos los tiempos es la imaginación, “libertad máxima del hombre donde nadie puede interferir por mucho que la iglesia católica haya inventado el pecado de intención” (Luis Buñuel).
abcguionistas con información de ALTA FILMS
IMANOL URIBE
"Una de las novedades, en lo que a mi filmografía se refiere, ha sido el tránsito del celuloide al soporte digital. Siempre había pensado que este paso, inevitable por otro lado, sería traumático pero, por el contrario, ha sido muy positivo. ¿Por qué? Sin entrar en el debate técnico sobre las ventajas o inconvenientes de la captura fotoquímica frente a la digital, pienso que para un director es una herramienta extraordinaria que te permite comprobar, con absoluta fidelidad, el resultado exacto de tu trabajo en el instante mismo en que lo estás realizando. Esa seguridad agiliza los procesos y te hace ganar tiempo con lo que esto supone para un director en un rodaje"
Remedios Crespo
24/04/2009
Remedios Crespo (Sevilla, 1966) se ha alzado con el VI Premio SGAE de Guión Julio Alejandro para Largometraje por su obra Miel de naranjas. El jurado ha estado compuesto por su presidente, José Luis Borau, presidente de la SGAE; Manuel Gutiérrez Aragón, director del Instituto Buñuel; el director Imanol Uribe; la cineasta Ana Díez, en representación de CIMA; la directora Azucena Rodríguez, en representación de ALMA y Gustavo Ferradas, director del Área de Cine de TVE. La decisión se ha hecho pública después de una reñida ronda de ponencias a cargo de los cinco finalistas. Éstos fueron seleccionados previamente entre los 350 guiones recibidos en esta convocatoria.
Por Remedios Crespo
Cuando Franco enfermó en noviembre de 1975, cada hora se transmitían los partes sobre su salud. Yo tenía nueve años y recuerdo aquellos días con verdadero pánico porque noche tras noche se me repetía un angustioso sueño: Franco moría y yo me quedaba muda. En la escuela siempre había escuchado que los “cuarenta años de paz” habían sido algo insólito, solo posible gracias a un don especial de Franco. Deduje que el estado natural de España era la guerra, y muerto él volverían a estallar las bombas: los nueve hermanos, mi padre y mi madre saltaríamos por los aires, destrozados. El inconsciente colectivo estaba latente en mi pesadilla de niña, ya que me hacía justamente enmudecer. No perdía un ojo o una mano o una pierna, perdía la voz, esa voz que durante la dictadura estuvo secuestrada y que cuando alguien la pronunciaba era sinónimo de duras represalias (condenas eternas, sentencias de muerte, trabajos forzados, exilio, expolio…).
Cuando Franco murió, y sin que nadie me viera, hice una resta muy sencilla en un papel: 1975-1939 = 36. ¿Por qué entonces machaconamente se nos hablaba de “cuarenta años de paz”? A mí me salían 36. Con la inocencia de la infancia conseguía intuir y atravesar la voluminosa mentira de un Estado totalitario y el silencio de una sociedad aparentemente conforme. Nunca he olvidado aquello porque fue mi primera reflexión. Con el tiempo descubrí que la mayor mentira y tragedia de aquella frase estaba en su segunda parte: “de paz”.
A generaciones como la mía se nos ha enseñado “a olvidar”, pero me pregunto ¿qué teníamos que olvidar? ¿Algo que no conocíamos? No se puede olvidar si no se sabe antes que en España, por ejemplo, existieron campos de concentración durante la dictadura hasta la década de los sesenta.
Mi padre, como trabajador en la Administración de Justicia desde 1942, fue testigo de macabros entresijos judiciales. Hace unos años encontré un relato suyo sobre su penoso destino como mecanógrafo en un Juzgado Militar Especial de Sevilla en 1951. Ya llevábamos “doce años de Paz” y la autoridad militar seguía condenando a civiles con penas muy graves, incluida la muerte, muchas veces por delitos falsos o sin pruebas. Durante las farsas judiciales mi padre tenía que hacer sonar la máquina de escribir para aparentar que se estaba redactando la sentencia. En aquel ambiente totalitario y amenazante él se abstraía escribiendo cartas de amor a su novia, mi madre. Este es el punto de arranque de MIEL DE NARANJAS. Con otros datos de ese relato, documentación, investigación y muchos testimonios directos, he construido esta ficción basada en la pesadilla real de la dictadura.
Mi objetivo primordial ha sido escribir una historia con ritmo que respire vitalidad y verdad emocional para que genere empatía en el público. Además, intento provocar una reflexión sobre nuestro sufrimiento colectivo. Dicho esto, mi intención no era hablar de la historia de España, sino de la de mi padre, de la de mi familia y de mis orígenes. Hablar de España ha sido una consecuencia natural. Como dijo Gaudí, “originalidad es volver al origen”. Si no sabemos de dónde venimos, probablemente nunca sepamos quiénes somos.
Ubicación espacio-temporal
La historia se sitúa en la Andalucía de comienzos de los cincuenta. Ya han transcurrido doce años “de paz”, y Franco sigue imponiendo un Estado medieval religioso anterior en sus principios a la Revolución Francesa. Como escenarios principales están el Juzgado Militar, el Psiquiátrico de Miraflores y el Campo de Concentración de Los Merinales.
Carácter y temática
En MIEL DE NARANJAS se entremezclan el drama histórico (la dictadura), el drama social (locura, cárcel, trabajos forzados, división de la sociedad, hambre...) y la épica moderna (el hombre frente al Estado).
A diferencia de la mayoría de películas sobre la dictadura, ésta es una película urbana que indaga en acontecimientos poco conocidos y muy atractivos de la lucha antifranquista. En cuanto a atmósfera y estética, siempre he imaginado un tono mucho más cercano al cine negro que al costumbrista.
MIEL DE NARANJAS también narra acontecimientos históricos que enlazan con temas de vigente actualidad:
La falta de libertad y la miseria son las causas que generan las grandes corrientes migratorias.
La violencia solo engendra más violencia. El arma más eficaz de todos los tiempos es la imaginación, “libertad máxima del hombre donde nadie puede interferir por mucho que la iglesia católica haya inventado el pecado de intención” (Luis Buñuel).
abcguionistas con información de ALTA FILMS
01/06/2012
IMANOL URIBE
"Una de las novedades, en lo que a mi filmografía se refiere, ha sido el tránsito del celuloide al soporte digital. Siempre había pensado que este paso, inevitable por otro lado, sería traumático pero, por el contrario, ha sido muy positivo. ¿Por qué? Sin entrar en el debate técnico sobre las ventajas o inconvenientes de la captura fotoquímica frente a la digital, pienso que para un director es una herramienta extraordinaria que te permite comprobar, con absoluta fidelidad, el resultado exacto de tu trabajo en el instante mismo en que lo estás realizando. Esa seguridad agiliza los procesos y te hace ganar tiempo con lo que esto supone para un director en un rodaje"


