"PROFESOR LAZHAR"
SINOPSIS:
El profesor Bachir Lazhar (Mohamed Fellag, 'Flores de sangre'), se presenta como voluntario a maestro, tras leer la noticia en un diario de la repentina muerte de un tutor de primaria. Finalmente este argelino de mediana edad, que atraviesa una crisis personal, es contratado por el colegio para ese puesto. Allí comprobará que existe una gran brecha cultural entre su alumnado y él, en el preciso momento en que les entrega un ejercicio sobre Honoré de Balzac, que ponen de manifiesto las diferencias pedagógicas entre su experiencia personal y la escuela. Poco a poco, irá conociendo a este grupo y especialmente a Alicia y Simon, dos niños muy consternados por la muerte de su anterior profesor por lo que sentirá un cariño especial. Pero mientras esta herida en los muchachos se cierra poco a poco, otra comienza a abrirse en el interior del profesor Lazhar, y es que nadie conoce apenas detalles de su pasado, algo por lo que puede ser deportado de un momento a otro.
Título: Profesor Lazhar
Título original: Monsieur Lazhar
Dirección: Philippe Falardeau
Guión: Philippe Falardeau
País: Canadá
Año: 2011
Duración: 94 min.
Género: Drama, Comedia
Reparto: Mohamed Fellag, Sophie Nélisse, Émilien Néron, Danielle Proulx, Brigitte Poupart, Jules Philip, Daniel Gadouas, Louis Champagne, Seddik Benslimane, Marie-Ève Beauregard, André Robitaille, Francine Ruel, Sophie Sanscartier, Evelyne de la Chenelière, Vincent Millard, Louis-David Leblanc, Nicole-Sylvie Lagarde, Gabriel Verdier, Marie Charlebois, Marianne Soucy-Lord, Stéphane Demers, Nathalie Costa
Web: www.monsieurlazhar.com
Distribuidora:A Contracorriente Films
Productora: micro_scope
Casting: Constance Demontoy, Emanuelle Beaugrand-Champagne, Nathalie Boutrie
Departamento editorial: Arthur Montreuil, Erik Daniel, Etienne Patry
Departamento musical: Bernard Gariépy Strobl
Dirección: Philippe Falardeau
Diseño de producción: Emmanuel Fréchette
Efectos especiales: Guillaume Murray
Efectos visuales: Annie Godin, Ara Khanikian, Francis Clément, Jean-Francois Gagne, Jordan Soles, Kar Hung Tom, Marie-Pierre Boucher, Patrick David, Robin Tremblay, Sébastien Moreau
Fotografía: Ronald Plante
Guión: Philippe Falardeau
Maquillaje: Katryn Casault
Montaje: Stéphane Lafleur
Música: Martin Léon
Producción asociada: Claude Paiement
Sonido: Bernard Gariépy Strobl, Catherine Bellazzi, Mathieu Beaudin, Pierre Bertrand, Sophie Cloutier, Sylvain Bellemare
Vestuario: Francesca Chamberland
Monsieur Lazhar es su segunda adaptación cinematográfica de una obra escrita. ¿Qué le atrae de este proceso?
Creo que me gustan las adaptaciones porque la obra original ya ha demostrado su valía a un nivel emocional, ya sea al público en general, o a mí mismo. Hay una cosa que siempre me preocupa cuando hago una película: ¿Seré capaz de convivir con esta historia durante tres o cuatro años? ¿Interesará a los demás tanto como a mí? Asimismo, se hace igualmente importante comprender dónde están los límites del medio que empleamos, evitando imitar lo que el medio original ha logrado exitosamente. Para C’est pas moi, je le jure! (2008), era evidente que el humor que se desprendía de la obra de Bruno Hébert emanaba de la discrepancia entre una narrativa ingenua propia de un niño de diez años y las referencias de la misma, propias de alguien en la cuarentena. Para Monsieur Lazhar, la pieza de Evelyne de la Chenelière emplea un único personaje en el escenario. Lo que me atrajo de la misma particularmente fue su fuerza evocativa. Era asimismo consciente de que sería peligroso tratar de emular el estilo poético de la autora, sencillamente porque no soy poeta como ella, además de que el cine como medio no se presta a lo poético del mismo modo.
¿Debe colegirse que fue la fuerza de Bachir lo que le atrajo y le permitió imaginar el resto?
Me interesó el tema de la pieza y su modo de abordarlo directamente. Mientras miraba la representación, imaginé inmediatamente la película: vi el aula, los niños… La conmovedora y simple dirección de Daniel Brière probablemente devino de lo más provechoso para poder visualizar el trabajo cinematográfico. El personaje de Alice existía levemente, Simon a penas en absoluto, y sin embargo había toda una historia que inventar. Era consciente de que había margen para la creatividad. También me gustaba el hecho de que la tragedia de Bachir en tanto que inmigrante no constituyera el eje del argumento. Se ve enfrentado a algo que es muy concreto en la sociedad en que se ha establecido, pero de hecho esta confrontación podría ocurrir en cualquier lugar. La historia tenía que sustentarse en sí misma, más allá del hecho de que haya atravesado una experiencia traumática que le ha llevado al exilio. Influye en lo que va a ocurrir, le convierte en un extranjero que va a perturbar nuestra visión del mundo, pero aun así, sigo sin creer que ése sea el tema de la película. Durante la representación, pensé: “Hete aquí un personaje denso.” No se trata de un personaje que simplemente se haya creado para que nos estemos preguntando cuáles podrían ser sus cualidades y características. En absoluto. Bachir tiene su propio pasado, su propia historia, que comenzó mucho antes del inicio del film.
¿Cómo fue su colaboración con Evelyne de la Chenelière?
Desde el momento en que Evelyne aceptó que fuera yo quien adaptara la pieza, se entendía que también yo iba a ser el guionista. Le pedí ayuda en lo concerniente a mantener la integridad del personaje, y asimismo le requerí que siguiera mi labor paso a paso. Quería que garantizase la redirección de la historia cada vez que yo abordara un camino que pudiera traicionar la esencia del personaje. Además, fue mi primera lectora junto a los productores. Cada vez que me estancaba, allí estaba ella, siendo la extraordinaria y habilidosa escritora que es, aportando auténticas soluciones. No es que fueran ideas concretas para la película necesariamente, pero siempre sabía cuándo había un problema serio, y entonces me enviaba sus reflexiones, sus artículos para que los leyera… y eso me desbloqueaba. Esa experiencia hizo que quisiera escribir con alguien, porque a veces te ves ante un impasse, pero al final siempre hay una puerta que sencillamente no ves. Evelyne también me ayudó a conseguir para el film cotas de profundidad emocional increíbles.
¿Era también importante para usted que la tragedia por la cual ha pasado Bachir fuera plausible?
Indagué lo mío para abordar ese extremo apropiadamente. Tras un año de haber iniciado la adaptación de la pieza teatral, en mayo de 2008, fui a Argel para ver el lugar de donde Bachir procedía con miras a comprender los motivos por los que se fue de su país. También quería ver cómo era la vida de un empleado público allá… Imaginé algo muy elaborado, que no está en la película, pero que me ayudó a entenderle. Y mucho antes, había visitado varios países, como Siria, Libia, Egipto y Túnez. Durante mucho tiempo me asistió el convencimiento de que esa área geográfica suministraba materia fértil para temas cinematográficos. Cuando se produjo la Primavera árabe, para mí, el momento era simultáneo al film que acababa de finalizar. ¿Por qué Bachir se fue a Montreal? Porque no tenía elección: inclusa varios años después de la guerra civil, Argelia todavía afronta gran número de problemas.
Sin embargo, ¿podría haber sido de cualquier otro país el personaje de Bachir?
Así lo creo; aunque entonces quizá el problema habría sido el lenguaje. Había pensado en el Líbano. El personaje no sólo ha de ser todo un experto en francés, sino que además tiene que amarlo considerablemente. Porque en mi mente, el proceso de cura se produce a través del acto de hablar, de enseñar, de leer, de amar el francés. Argelia funcionaba bien porque allí hay muchos intelectuales, grandes escritores… Una vez instalado en una escuela de Quebec, Bachir se ve atrapado en un sistema que le es ajeno, por lo que tiene que buscar dentro de sí mismo para extraer recursos a partir de lo que se le enseñó cuando niño. De tal modo que su única referencia es un método de enseñanza francés que ya está trasnochado. No debería olvidarse que Bachir es un inmigrante norteafricano profundamente secular: una decisión mía de la que era muy consciente. Él representa al “Otro”, alguien que por encima de todo es un hombre que busca soluciones, pero no en la religión o en lo moral, ni siquiera en sus referencias culturales (dicho en el sentido étnico del término), sino en lo que atañe a la enseñanza, a nuestra común relación con el idioma y la literatura franceses, y luego en el acto esencial de la comunicación en sí. También hay ironía en el hecho de que va a enseñar en una antigua colonia que mantiene una relación particular con el francés, cuando él mismo procede de una antigua colonia.
¿Qué le hizo elegir a Fellag para el papel de Bachir?
Tras C’est pas moi, je le jure! (2008), ¿albergaba la intención de volver a trabajar con actores infantiles?
La pieza teatral fue la que hizo optar por ello. El problema es que cuando los niños interpretan un papel central en una película, uno siempre se pregunta si ésta es para niños o para la familia, algo que nunca ocurre cuando sólo intervienen personajes adultos. Por el contrario, en la vida real nunca nos preguntamos si se trata de una situación infantil o una de adultos cuando acontece una situación determinada… sencillamente, es la vida. Creo que realizo películas sobre la vida y eso, en sí mismo, hace que en ellas haya niños.
Como guionista y realizador cinematográfico, todavía tiene que adaptar su estilo de trabajo a los niños.
Desde luego, pero creo que en general es algo parecido al modo en que uno se adapta a cada actor, sea niño o adulto, con la salvedad de que cuando se trata de un adulto, nunca me preocupa si sabe o no sus diálogos. Por lo demás, el plató debe manejarse de una manera más relajada y festiva. Con todo, en aquello referido a la interpretación, mantengo que esos niños son capaces de captar las emociones en juego de sus personajes, y que entienden perfectamente que se trata de un trabajo, que no les estoy pidiendo que sean lo que son en la vida real. En C’est pas moi, je le jure! (2008) fue un tanto más complejo, porque el personaje protagonista tiene un don especial para las respuestas rápidas. Ahora, he procurado mostrarme menos “adulto” en mi guión, incluso si el personaje de Alice resulta particularmente maduro para su edad. Obviamente, hay diálogos que reflejan un tanto mi perspectiva por medio de las palabras de un crío. En términos generales, hay una buena cantidad de trabajo que se afronta en preproducción, y en ese sentido hay mucho que agradecer a Félixe Ross, la instructora de interpretación que atiende conmigo los talleres para niños. Entiende exactamente la dirección hacia la que quiero dirigirme; sin ella, jamás lo hubiera conseguido.
El aula y la escuela se muestran de modo muy realista.
Al contrario que Evelyne, que tiene la habilidad para crear algo de nada, yo necesito reciclar. Comencé la carrera con La Course destination Monde (1988) —un show televisivo para Canadá donde se invitaba a jóvenes cineastas a viajar a distintas partes del mundo para realizar cortometrajes documentales—, y mi punto de referencia en cine es la observación. Me interesan mucho los filmes al estilo de los de Ken Loach o Mike Leigh, por ejemplo. Sus personajes se extraen claramente de la realidad, o cuando menos se aferran a algo que es naturalista, lo que es de mi preferencia. Antes de realizar Monsieur Lazhar, empleé varias semanas en escuelas de primaria para observar, por ejemplo, el modo en que un niño se agita en su asiento… Mi directora artística, Emmanuel Fréchette, también efectuó una investigación pormenorizada aproximadamente en una docena de escuelas con el propósito de decorar la nuestra. Lo que se ve colgado de las paredes es un ensamblaje: todos los trabajos artísticos proceden de auténticas labores infantiles que se han recogido en escuelas reales. De igual modo que en La moitié gauche du frigo (2000), que inicialmente tenía que ser un documental, con Monsieur Lazhar me sentí muy contento de volver a un universo en el que era preciso documentar cosas. Es una ficción, pero trabajo a partir de una variedad de gente a la que conozco, he visto, o incluso con la que he hablado, y súbitamente todo ello cobra cuerpo. Para mí, el cine es un medio aferrado a la realidad, lo que no es necesariamente el caso de la literatura. Me interesa la vida, particularmente en un film que afirma reflejar cierta realidad. No era mi principal interés en C’est pas moi, je le jure! (2008), pero ahora sí lo ha sido.
También está efectuando el regreso a un tipo de film más consciente de lo social.
Después de La Course destination Monde (1988), realicé documentales, y luego La moitié gauche du frigo (2000), una comedia social… una cinta que aborda cuestiones como el desempleo, pero que al tiempo devenía una obra política en si misma. Más tarde, creo que claramente viré hacia la pura ficción. C’est pas moi, je le jure! (2008) no es un film político aunque dispone de un trasfondo social, y lo mismo pasa con Congorama (2006). Ahora, he regresado a un tipo de film que me ha obligado a indagar mucho más en el mundo real. En este punto de mi vida, para mí era importante volver a un tipo de film con mayor consciencia social. A menudo me pregunto acerca del propósito y significado de mis películas. Me interrogo: “¿es importante realizar esta película en particular?” Es obvio que poca gente de Quebec se hace este tipo de preguntas, pero considero que es importante formularlas.
A lo largo de toda la película, Bachir es alguien que se mantiene fuerte y desprende dignidad.
La importancia que se da a las palabras otorga al film una dimensión poética.
Creo que lo poético se debe substancialmente a la obra de Evelyne. También me parece que hay algo poético en la musicalidad de los diálogos de Bachir, y en la idea de que la palabra dicha puede ser cinematográfica. Representar charlas, verbos, ¡no es nada sencillo! Cuando presencié la representación de la pieza, fui consciente de la conveniencia de evitar la poesía lírica. Sin embargo, aún era importante para mí cerrar la película con una nota poética, que es como acaba la pieza, porque me sentía profundamente conmovido por su fábula final, con la salvedad de que pedí a Evelyne que escribiera una versión distinta para la película. Con miras a que se pusiera a trabajar en ello, le participé mis impresiones y emociones, y escribió una escena espléndida.
Con todo y que el film resulta dramático, y que hay gravedad en el argumento, aparecen elementos de humor a lo largo del metraje…
En la vida, es extraño que la tragedia o el drama acontezcan sin nada más. A menudo, es una cuestión de perspectiva… En C’est pas moi, je le jure! (2008), el humor se creó tomando distancia, era un humor excéntrico y efectivamente en ocasiones absurdo. En Monsieur Lazhar, el humor se hace más sutil, más realista. La ingenuidad del personaje argelino nos sorprende y nos hace reír. Cuando se saca provecho sutilmente de una brecha cultural, siempre hay un rico potencial cómico. El hombre encargado del mantenimiento y el profesor de gimnasia constantemente pronuncian diálogos directos y extraños que provocan la risa. Hablando con propiedad, se debe entender que no hay bromas. Lo que ocurre es que la vida es cómica, y creo que debiéramos darnos cuenta de ello. A mi entender, las películas que no tienen ni pizca de humor son de ciencia-ficción. Sencillamente, ¡no puede ser!
Entrevista realizada por Marie-Hélène Mello.
